Grupo de participantes observa y escucha un recorrido arquitectónico frente a un edificio residencial moderno en Panamá, mientras el guía explica detalles de su diseño y contexto urbano. Ilustración en estilo acuarela inspirada en los recorridos de ModernPTY.

¿Quién puede participar en la conversación sobre arquitectura?

Muchas veces me pregunto cuántas personas sienten que la arquitectura es un tema ajeno.

No porque no les interese la ciudad, los edificios o los espacios que habitan todos los días. Más bien porque gran parte de las conversaciones sobre arquitectura parecen desarrollarse en lugares donde cierto conocimiento previo se da por sentado.

La arquitectura influye en prácticamente todos los aspectos de la vida urbana. Está presente en las viviendas que habitamos, las calles que recorremos, los parques que utilizamos y los edificios que forman parte de nuestra rutina. Sin embargo, cuando llega el momento de hablar sobre ella, la conversación suele quedarse entre quienes ya forman parte de la profesión.

Por eso suelo volver a una pregunta ¿Quién puede participar en la conversación sobre arquitectura?

La diferencia entre explicar y comunicar

He asistido a congresos de arquitectura donde algunos expositores lograban explicar ideas complejas de forma clara y accesible. También he estado en otros donde, al terminar la presentación, me quedaba con la sensación de haber escuchado mucho más sobre conceptos, metáforas o discursos que sobre la propia arquitectura.

No se trata de que una aproximación sea correcta y la otra no. Tampoco de que toda presentación deba simplificarse. Lo que me resulta interesante es cómo una misma obra puede sentirse cercana o distante dependiendo de la forma en que se cuenta.

Esa diferencia volvió a aparecer cuando participé en uno de los recorridos organizados por Daniel González a través de ModernPTY, una iniciativa panameña dedicada a divulgar y documentar la arquitectura de Panamá.

Los recorridos suelen desarrollarse en barrios, edificios o sectores específicos y reúnen personas con perfiles muy distintos. Hay arquitectos, estudiantes, fotógrafos, vecinos y personas que simplemente sienten curiosidad por entender mejor los lugares que recorren todos los días.

Daniel suele comenzar aclarando algo que, lejos de restarle valor a lo que comparte, parece convertirse en una de sus fortalezas: no es arquitecto.

Muchas de sus explicaciones parten de preguntas que cualquier persona podría hacerse. ¿Por qué este edificio tiene esta forma? ¿Por qué se construyó aquí? ¿Qué lo hacía diferente en su momento? ¿Qué nos dice sobre la ciudad que existía cuando fue construido?

Las veces que lo he escuchado, durante los recorridos, no podía evitar pensar que, muchas veces, la diferencia no está en la cantidad de conocimiento que tiene una persona, sino en la forma en que decide compartirlo.

No estoy sugiriendo que el conocimiento técnico deje de ser importante. La arquitectura necesita especialización, investigación y rigor. Lo que me interesa es cómo hacer que ese conocimiento pueda compartirse con más personas sin perder profundidad en el proceso.

Muchas veces confundimos explicar con comunicar. Explicar consiste en transmitir información. Comunicar implica lograr que esa información encuentre una forma de conectar con quien la recibe.

La arquitectura fuera de los círculos habituales

Si más personas pudieran participar en la conversación sobre arquitectura, también harían falta más espacios donde esa conversación pueda ocurrir. Durante mucho tiempo, gran parte de estas conversaciones ocurrieron en universidades, congresos, publicaciones especializadas o círculos profesionales.

Sin embargo, en distintas ciudades del mundo han surgido iniciativas que buscan acercar la arquitectura a personas que normalmente no participarían de estas conversaciones. Una de las más conocidas es Open House, un programa que se realiza en ciudades como Londres, Nueva York, Melbourne o Barcelona y que permite visitar edificios que habitualmente permanecen cerrados al público.

Durante algunos días al año, viviendas, oficinas, edificios institucionales y espacios culturales abren sus puertas para que cualquier persona pueda recorrerlos, conocer su historia y entender mejor cómo fueron concebidos. En algunos lugares incluso las propias oficinas de arquitectura participan de este tipo de iniciativas. Programas como Open Studios y Open Offices permiten recorrer estudios de diseño, conversar con los equipos y descubrir todo lo que ocurre antes de que un proyecto se convierta en un edificio construido.

Si bien muchas de estas iniciativas nacieron en ciudades como Londres, Nueva York o Melbourne, también han comenzado a aparecer con fuerza en América Latina.

Uno de los casos más conocidos es Open House Buenos Aires, que desde 2013 abre al público edificios, oficinas, espacios patrimoniales y recorridos urbanos para acercar la arquitectura y el urbanismo a miles de personas cada año. La propuesta parte de una idea sencilla: descubrir la ciudad desde adentro y desarrollar nuevas formas de observarla.

La iniciativa ha seguido expandiéndose en la región. Hoy existen experiencias similares en ciudades como Querétaro, en México, donde durante un fin de semana se organizan recorridos urbanos y visitas a edificios que normalmente permanecen cerrados al público.

Más allá de los formatos específicos, lo interesante es que muchas de estas propuestas comparten la misma intención de acercar temas que tradicionalmente permanecían dentro de círculos profesionales y convertirlos en experiencias abiertas para cualquier persona interesada en entender mejor la ciudad que habita.

Lo que me resulta fascinante de estas experiencias no es únicamente la posibilidad de entrar a lugares que normalmente no están abiertos al público. Sino que parten de la idea que la arquitectura puede formar parte de una conversación mucho más amplia.

Las redes sociales también han contribuido enormemente a ampliar ese acceso. Hoy es posible descubrir edificios, recorrer ciudades o escuchar a especialistas explicar temas complejos desde cualquier lugar. Sin embargo, sigo pensando que hay algo difícil de reemplazar en la experiencia presencial.

Caminar un edificio, escuchar preguntas de otras personas, conversar sobre un espacio mientras se está dentro de él o descubrir detalles que normalmente pasarían desapercibidos son experiencias que generan una conexión distinta con la arquitectura. Hay cosas que simplemente se entienden mejor cuando pueden vivirse directamente.

En Panamá también han comenzado a surgir iniciativas que apuntan en esa dirección. Una de ellas fue Transversal, el Festival de Arquitectura y Diseño realizado en 2024.

Lo que más me llamó la atención no fue únicamente su programación, sino el propio formato. Durante años la referencia más común habían sido los congresos de arquitectura. Transversal proponía algo distinto. Incluso desde su nombre parecía existir una intención de abrir la conversación hacia públicos más diversos y conectar disciplinas que normalmente operan por separado.

Quizás por eso me gustaría que futuras ediciones continúen explorando ese camino. No porque los congresos deban desaparecer, sino porque formatos como este parecen generar oportunidades distintas para acercar la arquitectura a personas que normalmente no se sentirían invitadas a participar.

Construir conocimiento colectivo

Otro ejemplo que me hizo pensar en esto es Urban Sustainable Lab, una iniciativa liderada por Raisa Banfield que reúne estudiantes, profesionales y especialistas de distintas disciplinas alrededor de temas relacionados con ciudad, sostenibilidad, movilidad y espacio público.

Lo que llamó mi atención no fue únicamente la investigación que estaban realizando, sino quiénes estaban escuchando los resultados.

En una de las jornadas a las que asistí, las presentaciones abordaban temas muy distintos entre sí. Algunas exploraban aspectos históricos de Panamá. Otras analizaban la evolución urbana de la ciudad, la movilidad o propuestas para responder a desafíos contemporáneos.

Pero lo que recuerdo con más claridad ocurrió fuera de las presentaciones.

Una persona comentaba que había asistido porque su hija se lo había pedido. Al terminar hablaba de lo mucho que había disfrutado escuchar toda la información compartida que le había permitido entender ciertas situaciones de la ciudad desde otra perspectiva.

Escuchando conversaciones como esa terminé pensando que muchas veces el problema no es la falta de interés. Quizás lo que falta son más espacios donde las personas puedan acercarse a estos temas sin sentir que necesitan una formación previa para entenderlos.

Porque cuando eso ocurre, algo empieza a cambiar. La arquitectura deja de sentirse como asunto reservado para especialistas y comienza a formar parte de conversaciones más amplias sobre la ciudad que compartimos.

Una arquitectura más cercana

Es posible que parte de las dificultades que tenemos para hablar sobre patrimonio, espacio público, movilidad o crecimiento urbano estén relacionadas con lo difícil de involucrarse en una conversación cuando sentimos que no entendemos el lenguaje en que se desarrolla.

Por eso la importancia de abrir estos temas a más personas va mucho más allá de lograr que la arquitectura sea más accesible. Lo verdaderamente relevante es lo que ocurre después. Cuando las personas comprenden mejor cómo se construyen las ciudades, comienzan también a desarrollar una relación distinta con ellas.

El patrimonio deja de percibirse como un conjunto de edificios antiguos y empieza a entenderse como parte de una historia compartida. Las decisiones urbanas dejan de parecer asuntos lejanos para convertirse en temas que afectan directamente la vida cotidiana. Y poco a poco se desarrolla un criterio propio para observar, cuestionar y participar en las conversaciones sobre los espacios que habitamos.

No creo que el objetivo sea simplificar la arquitectura hasta volverla superficial. Tampoco reducir temas complejos a explicaciones rápidas o respuestas fáciles.

La complejidad de una idea no depende necesariamente de la complejidad del lenguaje utilizado para compartirla.

Quizás una de las oportunidades más interesantes que tiene la arquitectura no sea encontrar nuevas formas de hablar entre arquitectos, sino encontrar mejores formas de incorporar a más personas en la conversación.

Porque las ciudades son demasiado importantes para que la conversación sobre ellas ocurra únicamente entre especialistas. Después de todo, los arquitectos diseñan edificios, pero las ciudades terminan siendo habitadas por todos.


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